Parches y presiones a los bomberos para cubrir la visita del Papa Leon XIV

La situación generada con motivo de este evento era perfectamente previsible y conocida por la organización con la suficiente antelación como para haber adoptado las medidas necesarias que garantizaran una adecuada cobertura del servicio sin recurrir a decisiones de última hora.

Sin embargo, lejos de realizar una planificación responsable, se ha optado por trasladar a la plantilla las consecuencias de una evidente falta de previsión, imponiendo guardias extraordinarias fuera del turno habitual y reduciendo los periodos de descanso por debajo de las 48 horas que tradicionalmente han servido como garantía mínima para la recuperación física y mental del personal.

Resulta especialmente preocupante que, ante una situación generada exclusivamente por la falta de planificación de la propia Administración, se pretenda apelar al compañerismo y al compromiso profesional de los trabajadores para cubrir unas carencias organizativas que nunca debieron producirse. El compañerismo ha sido siempre una de las señas de identidad de este colectivo, especialmente en situaciones de emergencia reales e imprevisibles, pero no puede convertirse en una herramienta para compensar errores de gestión ni en un recurso al que acudir sistemáticamente cuando falla la previsión de quienes tienen la responsabilidad de dirigir el servicio.

Más grave aún resulta que dicho esfuerzo extraordinario se solicite sin ofrecer contraprestación alguna que compense adecuadamente el perjuicio ocasionado a los trabajadores, quienes ven alterados sus descansos, su conciliación familiar y su planificación personal para resolver un problema ajeno a ellos. Se pretende así que la plantilla asuma voluntariamente las consecuencias de decisiones que no ha tomado, mientras quienes debían haber previsto y gestionado esta situación eluden su responsabilidad real.

Desde esta representación sindical entendemos que el debate no debe centrarse en los compañeros que decidan aceptar una guardia extraordinaria, ya que a día de hoy no existe ninguna medida colectiva acordada al respecto. El problema radica en una gestión deficiente que, una vez más, intenta trasladar a la plantilla la responsabilidad de solucionar problemas que corresponden exclusivamente a la dirección del servicio.

No podemos aceptar que se recurra a la presión moral o a llamamientos al compromiso profesional para suplir la ausencia de planificación. El compromiso de los trabajadores con el servicio público está fuera de toda duda y ha quedado demostrado en innumerables ocasiones. Precisamente por ello, resulta inaceptable que ese compromiso sea utilizado para justificar decisiones organizativas deficientes o para evitar asumir las responsabilidades que corresponden a quienes tienen la obligación de gestionar adecuadamente los recursos humanos disponibles.

Por todo ello, denunciamos la falta de previsión, organización y planificación que ha dado lugar a esta situación, así como cualquier intento de desplazar sus consecuencias hacia la plantilla mediante apelaciones al compañerismo o al sacrificio personal. Exigimos que se asuman las responsabilidades oportunas y que se adopten las medidas necesarias para evitar que la falta de gestión de unos pocos vuelva a recaer sobre los derechos, el descanso y la conciliación de los trabajadores.

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